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Casi un tercio de las y los estudiantes de Pedagogía UC volvió a clases totalmente presenciales

Durante la semana del 20 de septiembre, cientos de estudiantes de la Universidad Católica se reintegraron a las salas de clases con aforos normales. Se trata de un nuevo paso hacia la presencialidad que, según expertos, trae consigo beneficios y nuevos desafíos.

Levantarse temprano, transportarse hasta el campus San Joaquín, caminar por el recinto, ingresar a la sala de clases y encontrarse con compañeros y compañeras. Esa era la rutina de los estudiantes de la Universidad Católica antes de la pandemia, que azotó al país en marzo del 2020. Rutina que en el mes de septiembre retomó casi el 30% de las y los alumnos de la Facultad de Educación UC.

Una de ellas es Sofía De Juan (19), estudiante del curso “Aprendizaje y desarrollo” de primer año de Pedagogía en Educación Básica , quien, al igual que la mayoría de los novatos y novatas de la UC, no asistía a una sala de clases desde inicios del 2020, cuando cursaba 4° medio. “Había venido a cosas muy puntuales, como a vacunarme o a buscar la credencial universitaria (TUC), pero esta semana por fin entré a clases. Pensé que iba a ser más raro volver, pero fue muy natural, es parecido a las clases online pero uno entiende más y puede hacer las preguntas con más confianza”, cuenta.

Ya en marzo se habían habilitado algunas salas híbridas , que conectan a alumnas y alumnos por Zoom con el espacio físico, a través de micrófonos y cámaras, metodología que estuvo pausada por varios meses debido a las cuarentenas pero que se retomó en el mes de agosto, con distintas medidas sanitarias y aforos limitados. Sin embargo, en esta ocasión las y los estudiantes ingresaron por primera vez en casi un año y medio a una clase totalmente presencial.

La instancia se materializó la semana del 20 de septiembre en las aulas del nuevo edificio de Administración, en la Facultad de Economía UC, que permiten un aforo de hasta 47 personas. Bernardita Fabres (18), novata de Pedagogía en Educación Básica que asistió a una de las clases, cuenta que por fin pudo conocer a sus compañeras: “Eran mis amigas por Zoom y ahora son mis amigas en persona, ahora sé cómo son. Es genial poder interactuar y darte cuenta de que conoces gente con la que nunca habías trabajado más allá de la cámara”.

Potencialidades y desafíos de la nueva clase presencial

Uno de los beneficios más citados de las clases presenciales son las posibilidades de interacción que ofrece la proximidad física. En ese sentido, Bernardita asegura que “uno aprende el doble. Ahora estoy aprendiendo mejor la materia porque online una se distrae con cosas como el teléfono, la casa, y estar presencial es mucho mejor porque puedes aclarar las dudas al tiro, la profesora interactúa más contigo”. Algo con lo que concuerda Sofía Cariaga (19), alumna del mismo curso, quien afirma que “se siente mucho la diferencia. La presencialidad te da muchas más oportunidades. En clases online a todos nos daba vergüenza, en cambio, presencial, todos hablan, todos podemos conversar entre todos y la profesora se puede expresar mucho mejor”.

Al respecto, el decano de la Facultad de Educación UC, Alejandro Carrasco , asegura que "la conexión con las y los estudiantes es de las experiencias y de las tareas más fundamentales en la vida universitaria, y especialmente importante en nuestra facultad, donde las interacciones pedagógicas de encuentro con los estudiantes es el sentido mismo de la educación. Por lo tanto, retornar a la presencialidad es una de las noticias más relevantes de este año y esperamos que esto pueda perdurar”.

Según la directora de pregrado y docente del curso “Aprendizaje y desarrollo”, Magdalena Müller , es notable la diferencia entre una clase a distancia y una presencial. Así, menciona como uno de los principales desafíos el retomar el uso de la voz en espacios amplios. “Me preparé para muchas cosas, pero salir de hablar con audífonos y micrófono, con volumen relativamente bajo y en un espacio protegido, a pasar a una sala grande donde las estudiantes están súper distribuidas, usando mascarilla, y tratar de mantener un volumen que escuchen todas es complejo la primera vez”, cuenta.

Además, la académica apunta a las potencialidades en el ámbito metodológico de las clases presenciales, al integrar estrategias aprendidas en la enseñanza remota en un aula física: “En clases online utilizaba estrategias de participación donde las respuestas quedaban disponibles para todos, algo que hay que ver cómo implementamos en una clase presencial, ya que no todos y todas tienen acceso a un computador portátil. Es distinto a que tengan sus propias notas en su cuaderno y se las lleven para la casa, eso colectivo enriquecía mucho, que pudieran ver lo que piensa el otro, discutir y tomar elementos de cada uno”.

Sin embargo, explica, “el decir sus nombres, mirarles a las caras, que levanten la mano, que uno hable y el otro le agregue, te da muchas más posibilidades de interacción directa, de manejar el error. Son distintas dinámicas de participación, pero lo veo como una ganancia”.