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Magíster en Educación UC celebra sus 50 años en coloquio sobre justicia educacional

La instancia tuvo lugar el miércoles 17 de noviembre, a través de la plataforma Zoom, donde representantes de distintos centros de investigación avanzada en educación compartieron diagnósticos respecto a la justicia educacional en los distintos niveles educativos.

 

El Magíster en Educación de la Universidad Católica comenzó a dictarse en 1971. En ese entonces el programa mantenía un perfil académico, explica Horacio Solar, jefe del programa. Sin embargo, durante su trayectoria pasó por distintos procesos de rediseño curricular, que decantaron en lo que es el programa hoy: un Magíster profesionalizante, con nueve menciones y formato semi-presencial, manteniendo el objetivo de transformar las aulas desde preescolar hasta la educación superior.

En ese contexto, y para celebrar los 50 años de historia del programa de postgrado, el miércoles 17 de octubre se desarrolló el primer Coloquio del Magíster en Educación UC, enfocado en la justicia educacional. En la instancia, el decano de la Facultad de Educación, Alejandro Carrasco señaló que “el que una unidad cumpla ese periodo con un programa como el Magíster, denota un trabajo institucional de largo plazo”. “Hemos ido reafirmando la convicción que podemos incidir en la transformación educacional y de las comunidades, produciendo cambios que requieren conectar el conocimiento con la práctica, y nuestro Magíster ha ido madurando en esa dirección", agregó.

En la instancia participó también la investigadora asociada del Núcleo Milenio Experiencias de los Estudiantes de la Educación Superior , Verónica Santelices; el director del Centro de Justicia Educacional, Andrés Bernasconi; y el investigador del mismo centro, Ernesto Treviño, todos académicos del programa de Magíster, quienes compartieron evidencia y reflexiones sobre la justicia educacional en los distintos niveles educativos.

Para el académico Andrés Bernasconi, la justicia educacional va más allá de la noción de educación como derecho social. “La investigación educacional en Chile y las políticas habían tenido un interés prioritario en la examinación del problema de la desigualdad o diversidad socioeconómica de las familias y sus estudiantes. Pero en nuestro centro (CJE) advertimos que había otros vectores de diferenciación, otras formas de habitar la sociedad que no estaban mediadas exclusivamente por el ingreso familiar. Hablamos de migración, pueblos originarios, identidad, discapacidad. Todo esto habla de un sistema escolar extremadamente diverso”, mencionó.

En ese sentido, para Ernesto Treviño, “hay otros elementos muy importantes del contexto que dicen relación a cómo somos como familias, cómo somos como sociedad”. Se trata de la existencia de “prejuicios y estereotipos que tenemos incorporados como sociedad, y que nos hacen actuar de una cierta manera, aunque nosotros no lo veamos y no lo creamos. Y, por lo tanto, esos procesos del aula son bien marcadores de modelos que nuestros docentes y estudiantes van acogiendo”.

Un ejemplo que mencionó fue la segregación estudiantil, sobre todo en liceos de enseñanza media, donde, a pesar de la puesta en marcha de la ley que elimina la selección, “existen escuelas que segregan a sus estudiantes entre salones de clase, diferenciando a los alumnos del curso A y el F. Y eso no tiene que ver con una normativa, tiene que ver con una creencia respecto de que la segregación por habilidades es beneficiosa para los estudiantes, aunque las investigaciones han demostrado lo contrario”.

Además, mencionó la alta concentración en la cobertura curricular de las y los docentes, por sobre “atender las necesidades educativas de las y los estudiantes”, y algunos sesgos de género en educación parvularia, donde “se ofrecen mayores oportunidades de interacción con los niños que con las niñas”.

Para la académica Verónica Santelices, todas estas manifestaciones de desigualdad influyen también en la transición a la educación superior. Según un estudio enfocado en estudiantes de “primera generación”, los primeros universitarios de sus familias, “la transición de este grupo revela resultados académicos más descendidos que el resto, enfrentándose a desafíos importantes a la hora de adaptarse al entorno, incluyendo a las instituciones y a los grupos sociales en los cuales deben incorporarse”.

Al respecto, en la última década “hemos visto que hay menos diferencias entre estudiantes de primera generación y el resto, lo que son buenas noticias, pero no queda claro - debido a las metodologías utilizadas en las investigaciones - si se refieren a características propias de los estudiantes o más bien a iniciativas implementadas por las instituciones”. Sin embargo, sí se ve un mejor ajuste social e institucional de las y los alumnos en instituciones donde existe un respaldo institucional a normas y valores más variados y heterogéneos, así como en programas universitarios más cortos.

Revive el coloquio aquí: