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‘Nadie avanza solo’: coloquio en Educación UC abordó los programas de mentoría para académicos en etapa inicial

junio 12, 2026


La académica Daniela Véliz, vicedecana de Educación UC, presentó los resultados de su proyecto Fondecyt Regular sobre programas de mentoría para académicos en etapa inicial en seis universidades chilenas, abordando sus beneficios y recomendaciones para la política pública. El encuentro contó con los comentarios de Solange Rivera, académica de la Facultad de Medicina UC.

«Nadie avanza solo: programas de mentoría para académicos en etapa inicial en Chile» fue el título del coloquio realizado el pasado miércoles 27 de mayo en la Facultad de Educación UC, en el marco del Ciclo de Coloquios en Educación UC, organizado por el Ecosistema de Investigación de la Facultad. La presentación estuvo a cargo de Daniela Véliz, profesora asociada y vicedecana de Educación UC, y contó con los comentarios de Solange Rivera, académica de la Facultad de Medicina UC.

En la instancia, Véliz expuso los resultados de su proyecto Fondecyt Regular 1241537, cuyo objetivo general es comprender qué entienden por mentoría los académicos y administradores, y qué estrategias están considerando para la implementación de programas formales de mentoría para el profesorado en universidades de investigación en Chile. El estudio es liderado por Véliz junto a los coinvestigadores Sergio Celis, profesor asociado de la Escuela de Ingeniería y Ciencias de la Universidad de Chile; Isabel Hilliger, profesora asistente de la Facultad de Ingeniería UC; y Constanza Miranda, vicedecana de Mentorías de la Facultad de Ingeniería Biomédica de Johns Hopkins University. El equipo técnico está integrado por Sofía Atria, María Fernanda Goñi, Francisca Beroíza y Nicole González.

Para ello, el equipo utilizó una metodología de estudio de casos. Primero identificó dónde existían programas de mentoría en Chile y seleccionó seis universidades con programas en funcionamiento, ubicadas en el norte, el centro y el sur del país. En cada caso recopiló información de contexto —planes estratégicos, regulaciones y reglamentos académicos— y realizó 74 entrevistas semiestructuradas, en su mayoría a académicos, además de administrativos o responsables de los programas de mentoría.

“La mentoría es una relación personal, recíproca, en la que un miembro del cuerpo académico con más experiencia actúa como una guía, o un modelo a seguir, un docente y patrocinador de un estudiante o un académico con menos experiencia», explicó Véliz, citando la definición de los autores Johnson y Griffin desde la que trabaja el equipo

Beneficios mutuos y el «currículum oculto» de la academia

Entre los hallazgos, Véliz señaló que los participantes definían la mentoría como el acompañamiento de alguien con mayor experiencia en el desarrollo de carrera de un académico en etapa inicial, que combina una guía práctica con apoyo emocional, sumado a la construcción de redes para ayudar a otros académicos.

Uno de los hallazgos fue que la mentoría no solo beneficiaba a los mentorados, sino también a los mentores, quienes indicaron que para ellos también era provechoso participar en este tipo de instancias. La mentoría aparecía, además, como un apoyo profesional para la toma de decisiones académicas.

Véliz explicó que la mentoría contribuía al desarrollo de las trayectorias académicas y al fortalecimiento de los vínculos dentro de los contextos académicos, generando un mayor sentido de pertenencia. Esto era especialmente relevante para quienes no provenían de la misma institución y que, desde un inicio, contaban con alguien que pudiese apoyarlos.

Otro aspecto que emergió fue la visibilización del currículum oculto de la academia: aquello que habitualmente no se comparte, como los rechazos de artículos o los proyectos no adjudicados.

Asimismo, mencionó que la mentoría ayudaba a fortalecer redes y a generar espacios de encuentro con colegas de distintas unidades o temáticas. En ese rol, los mentores actuaban como patrocinadores: presentaban a los mentorados en otras instancias y les abrían puertas, ya que, al estar más avanzados, suelen tener vínculos no solo con su unidad académica, sino también con las unidades centrales de las instituciones.

Recomendaciones para la política pública

Hacia el cierre, Véliz planteó algunas recomendaciones para la política pública. La primera es la necesidad de un financiamiento sostenible, de modo que los programas no dependan únicamente de proyectos acotados en el tiempo, como los InES de Género. En esos casos, advirtió, los sistemas de monitoreo suelen ser escasos: muchas veces se compromete un programa sostenible en el tiempo, pero eso queda en el papel y la institución no necesariamente se hace cargo, por lo que los programas tienden a no continuar una vez que se acaban los fondos.

Una segunda recomendación es reconocer la diversidad de las trayectorias académicas. Véliz explicó que no todas las universidades tienen la misma trayectoria y que la progresión tradicional —de profesor asistente a asociado y luego titular— no es la única forma de desarrollar una carrera académica. En ocasiones, una persona ingresa a la universidad, asume cargos académicos y luego se convierte en académica, sin haber pasado necesariamente de manera directa del doctorado a la carrera académica.

«La colegialidad es un término muy ocupado en educación superior, específicamente en la carrera académica, y es un concepto que es parte de lo que debiésemos hacer en el quehacer académico, ya que está intrínseco en nuestra carrera. No necesariamente tiene que ver solamente con la publicación de papers o la actualización de proyectos, sino también con esta forma de relacionarnos y de ayudarnos entre todos para poder construir una mejor comunidad y, por lo mismo, promover el conocimiento que estamos elaborando», concluyó Véliz.